El Cuaderno de Sergio Plou

      

jueves 7 de noviembre de 2013

Requetebién de la muerte




  Mientras se desplazan alocadamente los muebles y hasta los inmuebles por los aires, la peña busca refugio o se acurruca en un rincón a esperar que escampe. Nos desenvolvemos entre los males que nos aquejan como si estuviéramos en medio de un poltergeist, no me extraña que se extienda la falacia de que la crisis es un fenómeno sobrenatural. Sólo falta que en lugar de sartenes para captar fondos regalen ouijas en los bancos. Lo más encantador de una ouija es que no sabes quién mueve el vaso y el trilero, amparado en el anonimato, nos puede hacer creer lo que le venga en gana. Tal vez por eso los culpables de toda esta telequinesia económica se están viniendo arriba y se permiten ya unas conjeturas esperpénticas.

    Uno de estos truhanes, a mi nulo juicio, es el señor Klaus Regling, director y gerente del MEDE, cuya institución se encarga de la estabilidad financiera y de los fondos de rescate europeos. A sus 63 tacos no sé a quién pretende engañar, será que estudió económicas en Hamburgo licenciándose luego en Ratisbona y desde entonces se lo tiene muy creído, no en vano cuatro años después de obtener el título ya había cruzado el charco, vivía en Washington y se colocaba en el Fondo Monetario Internacional. De allí pasó a trabajar para la Asociación de la Banca Alemana y más tarde en el ministerio de finanzas. Volvió más tarde al FMI y posteriormente regresó al ministerio germano, acabando el trajín en el paraíso fiscal de la City de Londres, donde dirigió un grupo empresarial de estrategia de capitales.

    Debió salirle el negocio de lo más redondo porque lo llamaron de Bruselas para llevar los asuntos económicos y financieros de Europa, cargo que ocupó durante siete años, y terminó asesorando al gobierno de la Merkel. Con semejante experiencia a sus espaldas se montó una consultora de postín que ya funciona sola, milagro que le permite en la actualidad mantener el control de los fondos de rescate europeos y al mismo tiempo asesorar a las corporaciones sobre dónde están las oportunidades y los pelotazos más jugosos. Klaus Rigling está en todas las natillas pero siempre en un plano intermedio, donde se pueden mover los muebles sin quedar en exceso al descubierto. Todo un pieza, al estilo de Rato pero en discreto. Pues este pieza nos asegura ahora que a España le va a ir “muy, pero que muy bien” en el futuro. Que el ajuste fiscal acabará pronto y que a partir de entonces comenzará de nuevo el crecimiento.

    Nos cuenta de manera condescendiente que nuestra situación es “muy especial pero que lo peor ya ha pasado” y que en cuatro o cinco años esto volverá a ser Jauja. Como para mí esto nunca fue Jauja, entiendo que nos van a dar cera hasta que se cansen. Para chequear toda esta broma no hay que hacer muchos esfuerzos, basta con atender a los saldos que ofertan Rubalcaba y sus cuates a la hora de captar nuestra atención y nuestros votos. Al estilo de Hollande pero en chusco, la dirección de este partido nos vuelve a vender ahora una moto vieja y mal tuneada como si fuera el copón de la baraja. A grandes rasgos y por abreviar, prometen eximir de impuestos a parados, pensionistas y mileuristas con hijos a su cargo. Lo que no es ninguna hazaña. Hablan también de bajar el IVA de la cultura, de crear un impuesto de lujo, de subir otra vez las tasas sobre el alcohol y el tabaco e incluso pretenden devolver a Madrid las competencias autonómicas en materia de sucesiones y herencias.

    Las demás promesas que realizan, como luchar contra el fraude de las grandes fortunas, quedan sin detallar. Sólo su producto estrella, prohibir mediante una enmienda en la Constitución las amnistías fiscales, se concreta en los papeles pero no hablan de recuperar lo que se está perdiendo por el camino de los recortes: las escuelas, los hospitales, la dependencia… Si en cuatro o cinco años, como asegura Klaus Rigling, la situación fuera a mejor, cabría esperar de los partidos que optan al gobierno en un futuro una mínima voluntad de ir recuperando el minúsculo estado del bienestar que disfrutábamos. Pero no es así. El PSOE no se moja. Dice que quiere reducir por ley la brecha salarial entre hombres y mujeres pero a la hora de concretar el cómo asumen que se logrará a fuerza de poner inspectores. Y todos sabemos que tan ilustre oficio en lugar de multiplicarse no hace otra cosa que menguar, de modo que no resultan demasiado creíbles. Entre otras cosas porque hasta ahora su cacareada conferencia está pasando de puntillas en los asuntos más graves. Precisamente en los mismos que Rajoy y su alegre pandilla clavan la puya una y otra vez. Convencidos como están de que los contratos basura, con despido por el filete incluido, están dando buenos resultados pretenden ahora extenderlos a todos los demás. Así que con un panorama tan triunfalista creo yo que no vamos a ninguna parte.