A veces te das cuenta de hasta dónde pueden llegar las cosas cuando ya es demasiado tarde. Estamos acostumbrados a que las administraciones campen a sus anchas, a que nos falten el respeto, a que no nos tengan en cuenta para nada y es muy fácil confundir los derechos y los deberes. ¿Tenemos el deber de estar informados o tenemos el derecho a estar informados? ¿Quién informa? ¿Dónde está la información?

Nos informan de un corte de agua, por ejemplo, pero si queremos saber el porqué, las causas y motivos o lo que va a costar la reparación, las indagaciones se complican. Si vamos a realizar una obra menor, tenemos que poner la autorización correspondiente a la entrada de nuestra casa, pero si es el consistorio, por ejemplo, el que promueve una obra en tu calle no ves por ninguna parte la autorización que lo indique. Tenemos el deber de informar, pero no tenemos el derecho a estar informados. O dicho de otra manera: la información nos la tenemos que currar. Sobre todo la información detallada: el número de expediente y los documentos que lo acompañan. Para tener acceso a esa información tenemos que demostrar que somos parte afectada y la información más completa no está disponible en la junta de distrito más próxima, sino, por ejemplo, en la concejalía de Urbanismo.
Todo esto viene a que he ido leyendo la tormenta de comentarios que ha provocado mi escrito de ayer. Los hay de todo tipo y para todos los gustos. Los hay incluso que defienden la tala de olmos porque están enfermos, asegurando que son peligrosos y que más vale prevenir que curar. Para curar a los olmos de su grafiosis, el método más utilizado es la endoterapia. Se inyecta un insecticida (como la abamectina) directamente en el tronco y el producto viaja por la savia del árbol hasta las hojas para acabar con la galeruca, que es un tipo de escarabajo. El tratamiento es anual y cuesta entre 6 € y 30 € si compras un kit para hacerlo tú mismo, y entre 40 € y 100 € por árbol si se contrata una empresa profesional. Aquí en Zaragoza consta que el ayuntamiento actuó en agosto de 2025 sobre seis olmos afectados en la calle Halcón Maltés de Valdespartera, y cuando digo que actuó me refiero a que se los llevó por delante. Es lo que se entiende aquí por prevenir y curar.
En cuanto al olmo que se vino abajo ayer en la calle Orense, no se cayó sólo por efecto del cierzo. Para que caiga un árbol de ese tamaño hay que ayudarle. Y una buena taladrada de sus raíces anima mucho a que el árbol no se tenga en pie. Lo estoy comprobando con el siguiente de la lista, y escribo la presente con la banda sonora del taladro de una retroexcavadora. Con un poco de suerte el cierzo terminará la faena. Todo sea para mayor gloria del cemento y la losa. Ya saben, más vale prevenir que curar.