El Cuaderno de Sergio Plou

     


martes 23 de junio de 2026

Haciendo amigos




    Para satisfacción de las mentalidades más arcaicas, el Gobierno de Aragón destina aproximadamente el 0,56% de su presupuesto a la Cultura. Este porcentaje sitúa a nuestra comunidad entre las que menor proporción de sus cuentas invierte en este sector a nivel nacional, superado únicamente por Castilla-La Mancha. El ayuntamiento de Zaragoza, descontando Educación y Turismo, destina exclusivamente a Cultura el 1,59 %. Y entiende por cultura, por ejemplo, un show de luminarias en el que se funde 640.000 € de una tacada (140.000 € más de lo que destina Zaragoza Cultural para subvencionar proyectos y actividades en todo un año). La Diputación Provincial dedica el 0,31 % de su presupuesto al patrimonio cultural y a las asociaciones. Y el gasto en teatro profesional, por ejemplo, refleja el 0,14 % del presupuesto total. El invento del Plan Plus está muy bien para que los ayuntamientos gasten en obras, pero rara vez gastan en llevar a sus localidades obras de teatro, porque la pasta se va a la construcción.

    En lo que a mí me atañe, que es el teatro, comprenderán que con estas alforjas la burra tire poco. Y si tira algo es fuera de aquí. Muchas veces me lamento de no haberme largado a trabajar a Francia o a Suiza, como hicieron otros compañeros, pero a estas alturas y al borde de la jubilación es una tontería tropezar en la nostalgia y en los sueños de juventud. Ahora, como siempre, se trata de no morir de asco, una cualidad que persiste entre las compañías locales. Eso que ahora se denomina «resiliencia» es nuestra marca de fábrica. Y no hay nada como la desdicha para extender la mala sangre que reina en un colectivo vilipendiado hasta la náusea. ¿Por qué a este le dan más y a este le dan menos? ¿Por qué contratan a este y a este otro no? Estamos hablando de migajas y ahí estamos, como siempre, peleándonos a traición por las cochinas migajas. Es una pena. Porque tenemos gente excelente creciendo en este erial, gente que consigue salir adelante a pesar de todo, aunque al común de los mortales le importe una higa. El resultado de maltratar la Cultura es que al final nos da igual ser incultos, que incluso alardeamos de nuestra ignorancia y que toda esta desidia redunda en un gasto cultural cada vez menor.

    Había algún instrumento que funcionaba, mal que bien, como la Campaña de Teatro de la Diputación Provincial de Zaragoza, y que acabaron por cargársela. Ahí tenemos también la Red Aragonesa de Espacios Escénicos, que no es una red ni sirve a la cultura que se crea en Aragón, pero que fue la excusa que sirvió a la industria del ladrillo para levantar centros culturales, casas de cultura y salas polivalentes a cascoporro por toda la comunidad y que ahora, una vez construidos o reconstruidos, incluso mal construidos, se mueren de asco por falta de actividad y de presupuestos que los sostengan adecuadamente. Para cubrir esta inoperancia se creó Aragón Tierra de Cultura, que sirve a tres o cuatro, en el mejor de los casos, para que hagan uno o dos bolos más al año. Zaragoza Cultural tampoco funciona para la gente de la Cultura que trabaja aquí, sólo sirve para sufragar las fiestas del Pilar, el Carnaval, Vive Latino y el Festival de Jazz. Ah, y el Festival Zaragoza Luce, que luce un montón. En los centros cívicos de Zaragoza, salvo raras excepciones, se han quitado de en medio los cachés de las compañías centralizando el servicio, haciendo que si quieres trabajar en los distritos te montes tu propia taquilla y te lo curres tú mismo. Excelente apoyo a la Cultura local y a los barrios, cuyos ciudadanos se lamentan porque ahora tienen que pagar una entrada y como no tienen costumbre, pues se lo piensan mucho. Fantástico. Y aquí seguimos aguantando carros y carretas.

    Pero cada una de las instituciones sigue soltando un dinerillo para que produzcamos espectáculos. Eso sí, pequeñitos, que el presupuesto no da para más. Total, si luego no los vamos a ver en Aragón, qué más nos da. ¿Y qué me dicen de la Feria de Teatro de Huesca? La única Feria que hay en Aragón y resulta que no funciona para la gente de Aragón… Estas cosas no pasan en Cataluña ni en el País Vasco. Ni siquiera en Navarra. Pero es que aquí la Cultura nos importa un pimiento. No sólo a los ciudadanos en su mayoría, es que a nuestros jefes tampoco les va. Me tengo que remontar a 1980 para encontrar a una jefa de servicio de cultura – no hablo ya de un director general o de un consejero de cultura - en la DGA, que se dignó a asistir al ensayo general de una obra teatral, en la que entonces participaba un servidor como actor, y desde entonces ese interés por saber, por conocer, por documentarse sobre el trabajo de las compañías aragonesas que pueblan el sector teatral se ha evaporado. Cero patatero. No van. No saben. Pero hablan como si supieran. Y les da lo mismo.

    Tienen que cambiar muchas cosas. Demasiadas. Nuestros gerifaltes tienen que reconocer que así no se va a ninguna parte y ponerse de verdad a resolver esta desidia. Si seguimos por esta senda en una década más no quedará nada. Aunque igual se trata de eso, de que no quede nada. Entonces, por fin, podrán olvidarse de la Cultura. Vamos, igual que hacen en sus programas electorales, donde la cultura siempre brilla por su ausencia.