El Cuaderno de Sergio Plou

     


domingo 7 de junio de 2026

Los olmos de la calle Orense




    Al consistorio de la ciudad en la que vivo le pides que te arregle unas cuantas baldosas de la acera y un mal día, años después, se presenta en tu calle una subcontrata y te la revienta por completo. Ya sé que no le puedes pedir peras al olmo, y parece ser que al ayuntamiento tampoco. Bueno, le puedes pedir lo que quieras, pero siempre te soltará cemento. El cemento es la lacra de nuestra ciudad. Un olmo, en el mejor de los casos, te regalará sombra, que ya es mucho, sobre todo cuando atiza el calor. Y en mi calle tenemos unos cuantos olmos que, a ojo de buen cubero, tendrán más de cincuenta años. Muchos de ellos los plantaron en la calle los propios vecinos a finales de la dictadura, según consta en las placas conmemorativas que salpimentan las aceras. Ya se pueden imaginar lo valiosos que son. Así que, por un puñado de baldosas, ¿resulta que ahora nos estamos jugando los olmos?

    Es lógico que los árboles se sientan estrangulados por los alcorques y el pavimento, y los adoquines de las aceras es normal que salten debido al crecimiento de sus raíces. ¿Solución? ¿Para qué quieres más? Si nos lo están pidiendo a gritos los vecinos… Se levantan aceras y calzadas, se talan los olmos, tiramos de cemento… y, hala, ¡otro cliente satisfecho!

    Vamos a ver. Es del género idiota resolver un mal menor creando un problema más grave. ¿De qué sirve que no tropiecen los ciudadanos por la calle si al llegar a su casa se van a cocer vivos? ¿Es que preferimos que mueran por ebullición a que se descalabren? ¿No valoramos la sombra?

    La solución ideal para proteger el pavimento de las raíces de los árboles —y viceversa— consiste en utilizar pavimentos drenantes y flexibles, geoceldas de confinamiento celular o sistemas modulares de celdas de suelo. Estas alternativas permiten el paso de aire y de agua distribuyendo el peso sin asfixiar el árbol. También se pueden emplear adoquines o losetas permeables. Al no crear una superficie continua, se adaptan mejor a los movimientos del suelo y, si alguna pieza salta por una raíz, es mucho más fácil de reparar o de colocar una nueva.

    Existe el pavimento continuo poroso, de hormigón o de resinas drenantes, que permiten que agua y oxígeno lleguen al sistema radicular, disminuyendo la necesidad de las raíces de buscar nutrientes en la superficie. Incluso se pueden emplear geoceldas y láminas anti raíz, con sistemas sin excavación, para instalar estructuras tridimensionales de polietileno o barreras verticales que obligan a las raíces a crecer hacia capas más profundas de la tierra, evitando que alcancen así la superficie del pavimento. Las celdas de suelo estructuradas son módulos plásticos entrelazados que se rellenan con tierra fértil y soportan el peso del tráfico peatonal o rodado sin compactar la tierra, permitiendo que las raíces se expandan de forma segura bajo el pavimento. ¿Qué pasa, que es más caro? ¿Hay que pensar más? Tengan en cuenta que una parte de la calle Orense, precisamente la afectada, es peatonal y sólo permite el paso de vehículos para carga y descarga o aparcamiento en las fincas…

    En fin, que existen muchas soluciones antes que talar árboles grandes que llevan décadas entre nosotros. Más nos valdría tratar los olmos contra la galeruca. Porque de nada sirve soltar un ejército de doscientas y pico mil mariquitas y avispas en la ciudad, con el propósito de reducir las plagas de pulgones y cochinillas, si al mismo tiempo a nuestros próceres se les va la pinza con la motosierra. Ahí tenemos la plaza del Pilar, una sartén en verano, que nuestra alcaldesa de instagram quiere llenar ahora de magnolios. Mi más ni menos que de magnolios, con un aparcamiento subterráneo en el subsuelo… Desconozco el tamaño de los maceteros que pretende colocar por allí, ¿o serán magnolios de bonsái?



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