El refrán «no hay dos sin tres» significa que cuando un acontecimiento sucede dos veces es muy probable que se repita una tercera. Se utiliza popularmente para anticipar o justificar la repetición de un hecho. Aquí el hecho es quitarse de en medio tres olmos, los demás ya irán cayendo, no se preocupen.

El cierzo esta vez no dio resultado. Le metieron bien al olmo en las raíces con el taladro pero no ha caído por la noche. Una pena. Pero no pasa nada. Se viene por la mañana con la motosierra y arreando.
El concejal del barrio, que ahora está en fiestas – y me refiero al barrio – aseguraba ayer que no tenían prevista ninguna tala en la zona, y que iba a pedir el expediente… Entre que lo pide y se lo dan, ponte bien y estate quieto, supongo que al final se justificará el asunto con el ripio habitual: es que el árbol estaba enfermo y se corría mucho peligro. Ya. ¿Y desde cuándo se corría peligro? ¿Desde cuándo estaba enfermo? ¿Acaso se trató el árbol alguna vez para curarlo? ¡Qué va! Es más barato que se vaya muriendo año tras año, década tras década y un buen día llega la tala y adiós problema.
Igual este barrio se estaba convirtiendo en un vergel y no me había dado ni cuenta. Igual es barato, en comparación con los demás. Igual la gente que vive por aquí es todavía demasiado rebelde y hay que meterla en cintura. No sé. El caso es que han dejado la grúa bien a mano para continuar la faena. Se habrán ido a almorzar.